Elena
En el colegio de mis hijas y también mis sobrinas, se
realiza todos los años un concurso literario. En esta ocasión, el argumento debe de girar sobre la familia.
Mi hija Angeles habla de lo numerosa que es la suya. Menciona muy especialmente a nuestra chica con SD. En su lógica de 9 años, explica que "... mi hermana Teresa, tiene Síndrome de Down, pero no nos importa, porque la queremos igual. La ayudamos entre todas y jugamos con ella mucho".
Mi sobrina Elena ( hija de mi hermana Esperanza), con 16 años ha presentado su redacción con un tema que recuerda a su prima-hermana. El argumento versa sobre la historia de una mujer que entrega una carta a su hija, pocos días antes de morir de un cancer. La pide que la lea cuando ya haya fallecido. Explica en ella, que con 18 años tuvo una hija con SD, y sus padres la obligaron a entregarla en adopción en un convento. La niña abandonada, como no, se llama Teresa. Nunca ha dejado de pensar en esa criatura, a pesar de haber transcurrido 24 años. Pide a su hija en la misiva, que busque a su hermana. Esta la encuentra en el mismo convento donde fue depositada, pues debido a su discapacidad nadie quiso adoptarla, y fue criada por las religiosas. Se la lleva a casa, y su padre, que no sabia nada de su existencia, la acepta plenamente. Años después haciendo un balance del tiempo pasado, piensan que no les importa si es hermana o media hermana. Lo único que saben es que la quieren con locura, y que sus vidas, desde la llegada de Teresa es mas amable y feliz.
Creo que lo he explicado mas o menos como me lo ha contado. Ha sido seleccionada para la final del certamen.
El nacimiento de una persona con discapacidad, en tu entorno mas cercano, "abre" la mente a los que tienes alrededor. Hace ver otra realidad, y seguro que vuelve mas tolerante y comprensivo a muchos, entendiendo mejor las carencias y debilidades de los demás. Mi sobrina Elena, sus hermanas, mis hijas, sus amigas y amigos, conocidos, etc, ahora cuando ven a una persona con SD u otra discapacidad, ya no lo perciben como un "tonto", sino como un ser humano igual que ellos.
Estos adolescentes, que pensamos que no se dan cuenta de la mitad de las cosas que las rodean, y solo se preocupan de divertirse, son mucho mas sensibles de lo que suponemos a veces los padres. Tenemos que mantener la esperanza en la juventud. A quien hay que educar es a los adultos.