LO ESTOY PENSANDO

A nuestra chica con síndrome de down le gustan los planes. Apuntarse, se apunta. Le interesa siempre que no suponga un gran esfuerzo. Pero hay una condición no escrita que termina siempre por aparecer: dormir en casa.

Y claro, eso no siempre es posible.

Ahora mismo tenemos dos cosas sobre la mesa.

Una, una jornada de respiro familiar con sus compañeros y compañeras de Down Toledo. El año pasado dijo que no. Pero al final fue y se divirtio mucho. La situación se repite. no quiero ír, lo estoy pensando, déjame pensar.

Otra, una actividad con su colegio en las Lagunas de Ruidera, donde fue también el curso pasado después de negarse… y se lo pasó bien. Muy bien.

Experiencias tiene.  Muy buenas, además.

Pero estamos otra vez en el mismo punto.

—“Lo estoy pensando.”

Esa es su respuesta para todo.

Y esa frase, que parece tranquila, a mí me deja en el aire. Porque sé lo que hay detrás. NO.

Si fuera por actividades de día, no habría problema. Iría a casi todas. Participaría. Pero en cuanto aparece la noche fuera, cambia todo. Es como si se encendiera una alarma interna que le dice: mejor no te muevas de aquí.

Y yo lo entiendo. De verdad.

Pero también sé que, si no cruza un poco esa línea, se queda siempre en el mismo sitio.

Y aquí es donde vuelvo a estar yo, pensando más de la cuenta.

Porque sí, quiero que vaya. Quiero que pruebe, que se relacione, que gane autonomía. Pero también quiero algo muy básico: parar un poco. No tener que estar siempre organizando todo en función de ella. cualquier plan que me haga,  primero es ¿quiero hacerlo? y  la siguiente pregunta es ¿qué hago con Teresa?

Porque la realidad es esa: antes de cualquier plan mío, va Teresa.

Y no, no hay un padre presente que equilibre. Está, pero no está. Y eso, al final, se traduce en que todo recae donde recae. MaS carga mental. Sus hermanas ayudan cuando pueden —y lo hacen y mucho —, pero no siempre es posible. Y es normal. Cada una tiene su vida. También la Tía Espe.

Así que cuando aparece algo como esto, no solo lo veo como una oportunidad para ella. También lo veo como un pequeño respiro para mí.

Y eso también es legítimo, aunque a veces cueste decirlo en voz alta.

Ahora estamos, otra vez, en ese “lo estoy pensando”.

Y yo, esperando. Sin presionar demasiado… pero tampoco haciendo como que me da igual.

Porque no me da igual. 

Y va a ir a las dos actividades de 2 noches fuera. Está apuntada y, aunque en algún momento diga que no, va a ir de igual forma. No porque no escuche lo que siente, sino porque también hay pasos que no salen solos. Y sí, duele un poco. Pero también sé que muchas veces, al otro lado, está lo que luego lo disfruta y mucho. Hacerse mayor supone cambios. 

Y este es  el momento en el que nos encontramos: acompañando… y, a veces, empujando un poco bastante.



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