martes, 20 de septiembre de 2016

ACOSO SEXUAL

Hace unos días, la tía de nuestra chica con síndrome de down hablaba con unos padres sobre su hija con discapacidad intelectual. La mama esta ingresada en el centro hospitalario y ya sabéis que hay un hilo invisible que une a las familias con suerte.

Ellos al echar la vista atrás  sentían un sufrimiento muy grande, causado no por su hija, a la que adoraban sino por las personas que alrededor de ella la habían y seguían haciéndolo sexualmente aprovechándose de su inocencia y falta de madurez. No tiene síndrome de down por tanto en sus rasgos físicos no se adivina una discapacidad intelectual. Nada mas entablar conversación con ella si. No hay excusa posible.

En el colegio los chicos intentaban vivir sus primeras experiencias a costa de ella, Sobeteos, toqueteos y hechos obscenos que la niña en ese momento no sabia denunciar. No sabia reflejar su incomodidad. A los 14 años optaron por cambiarla a un centro de educación especial. Parecia que este tormento había acabado, pero no. No había hecho mas que empezar.

Según fue creciendo, los vecinos del barrio, personas mayores en muchos casos que conocen sus limitaciones la abrazan, piropean y a la vez intentan besar y sobar. Incluso el padre se ha enfrentado físicamente a algunos de ellos. Sienten una gran indignación. La ley, porque han llegado a denunciar este acoso no ha estado a la altura de los hechos. Llego un momento que valoraron la opción de cambiar de domicilio, pero ¿por que?. Son los otros los que tienen el problema. No su hija.

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Daba por hecho que tener el tema de colegio solucionado, Teresa practicando deporte, teniendo amigos y participando en muchas actividades de ocio en nuestro lugar de residencia, todo estaba encaminado. Y no, según estos padres, esto es lo fácil. La familia y conocidos sabe de la falta de maldad y malos pensamientos de nuestros hijos, pero ahí fuera existen auténticos depredadores que ven una joven con cuerpo de mujer y mente de niña.

Al ser madre de varias hijas, estos asuntos son de vital importancia y siempre las he animado a contar cualquier episodio que las haga sentir incomodas. Tolerancia cero. No es No. Pero nunca imagine que alguien pudiera ver a nuestra chica con síndrome de down como una presa fácil. Peco de ignorante total.