Estamos paseando por la zona centro de Soria, haciendo tiempo hasta acudir al centro base para la estimulación de la peque. Pongo a Teresa varias veces en el suelo para que camine, pero no quiere. Levanta los brazos negándose a dar un solo paso.
Llevo ya un buen rato intentando que esta criatura tan lista deje de tomarme el pelo, porque estoy un poco cansada de llevarla en brazos.
Pongo por enésima vez a nuestra chica con SD en el suelo repitiendo la escena, pero no, esta vez no pienso ceder. Le digo muy seria poniéndome de rodillas y mirándola a los ojos: "Teresa, si no quieres andar te dejo aquí y te lo piensas. Yo estoy cansada de tratarte como un bebe".
Unas señoras que están sentadas en un banco, me miran detenidamente. Dirigiendome miradas de total censura, seguro que piensan que vaya madre que soy, obligando a mi niña retrasada a andar cuando ella no quiere, y a lo mejor ni siquiera puede.
Hago como que me voy, diciendo adiós a Teresa, que permanece sentada en el suelo. Me mira fijamente, sonríe, me vuelvo a acercar a ella y le doy la mano, poniéndose la peque de pie en un momento. Esta maravillosa criatura comienza a caminar partiéndose de risa, diciéndome con su mirada "vale, hoy ganas tu mama, mañana lo intentare de nuevo". Las mujeres miran con cara de sorpresa. Ellas no saben que Teresa es una peleona, que le encanta jugar y ganar.
Llegamos andando a fisioterapia. Le explico a Marivi, que esta niña "es mas lista que los ratones coloraos", y como las señoras del banco cuchicheaban de mi comportamiento. Esta estupenda profesional lo tiene claro, ella se habría acercado a felicitarme. Este es el camino a seguir.
Nuestros niños tienen síndrome de down, pero no tienen ni un pelo de tontos.