Desde el mismo momento que tienes un hijo con una discapacidad, entras a formar parte de un club, "el club de los que no se rinden".
Hace unos días, Raquel, asistente social en mi lugar de trabajo, con gran delicadeza me pregunto, si tenia una hija con SD. Al contestarla afirmativamente (ella lo sabia), comenzó a hablar de su hermano con SD. Con admiracion, alegría, diciéndote con la mirada. "Soy uno de los tuyos, hemos caminado antes, por donde tu transitas ahora, ¡¡ánimo, que eres una afortunada!!". Si se te humedecen los ojos al hablar de tu peque, no pasa nada, no hay que justificarse, porque sin palabras te estan apoyando y animando. No hace falta frases huecas llenas de tópicos.
Se había enterado de la existencia de Teresa y tuvo la necesidad de hablarme y hacerme participe de sus vivencias. Quería conocer a un miembro del club al que ella ya lleva muchos años perteneciendo.
Gente anónima en muchos casos, que con gran cariño y orgullo te hablan de su hijo, hermano, tío, etc. Estableciéndose una empatía inmediata. Y piensas: "Es uno de los mios". Yo también me he acercado a otros miembros de este selecto club en cuanto me ha surgido la oportunidad.
Compartimos angustias, esfuerzos, alegrías, miedos, experiencias. Algo que solo las personas que lo viven y lo disfrutan pueden entenderlo. Somos miembros de un club muy exclusivo. Formado por personas a los que la vida les ha exigido un poquito mas de esfuerzo y valentía. Y estamos orgullosos de ello y nos gusta contarlo y compartirlo.